Es increíble como marca la niñez, en ella es cuando se desarrolla la personalidad.
La sociedad tiene mucha culpa de que hoy haya personas que no se sientan seguras de si mismas y por lo tanto que no se quieran como deben.
Mi historia es como la de tantos otros, igual algunos de vosotros os sintáis identificados…
De los años 50 a los 60 pasamos muchas calamidades, pero éramos más felices de lo que veo ahora que es la juventud, a pesar de vivir en una dictadura…
Con 20 años todavía teníamos que soportar que nos mandaran callar, aquello me marco el resto de mi vida, me convertí en un joven introvertido y solitario, fue Mercedes quien me conquisto a mí.
Trabajaba de sol a sol en el campo, es lo malo de ser el mayor de 8 hermanos, no tuve opción de estudiar.
Mercedes me enseño a leer con veintitantos años y aprovechaba los ratos de descanso para leer todo lo que caía en mis manos.
Mi lugar favorito eran las cepas de las uvas, me tumbaba debajo de ellas y sentía como me protegían de las miradas, hasta que la voz de mi padre me hacia correr por los bancales.
Que tiempos aquellos…
Lo que menos me gustaba era la disciplina que se respiraba en casa, para hablar había que pedir permiso, y pobre de ti si lo hacías sin pedirlo, te reventaban la boca al menor descuido.
Primero era el padre, mientras los demás mirábamos como comía y rezábamos para que le sobrase algo, nuestras tripas se pegaban unas a otras.
Recuerdo como por una piel de naranja deje que me pisoteara un rebaño de cabras, iban flechadas a por la piel de la naranja, pero gane yo, que buena me supo.
Ahora se pela toda la fruta y se tira todo tipo de alimentos.
Mis nietos se ríen de mí y me dicen: ¡abuelo que ya no estamos en esos tiempos!
Lo peor de todo es envejecer sin ser capaz de crecer con los tiempos, son demasiados cambios y ya soy demasiado mayor para esto…
Pero no entiendo porque están llorando todos, si ya me despedí de ellos, les dije que esperaba que Mercedes viniese a buscarme y miradla esta preciosa con su gran sonrisa.
















